Viaje a Shanghai

I

¡Empieza nuestro viaje! Ahora mismo escribo desde el avión. Hemos salido hace unas 6 horas de Madrid y hemos hecho de todo menos dormir: ¡bien! Eso lo vamos a reservar para el siguiente, después de hacer escala en Dubai. Esta aerolínea, Emirates, es una pasada. Comida, bebidas alcohólicas, refrescos, agua, servicio… La verdad, nos quitamos el sombrero. Y nos lo quitamos tomándonos una cerveza, ja, ja… Tienen monitores individuales para ver la televisión, con cientos de canales, películas y juegos tipo Tetris. ¿He dicho Tetris? Sí, creo que sí… Sí, ahora que miro lo que he escrito, lo confirmo, Tetris. Mira que no solemos jugar a videoconsolas, pero esto nos ha podido. Se podían asociar las partidas, así que nos hemos liados a echar una detrás de otra como locos. No sé, ¿quizá 17 partidas? Lo mejor de todo esto ha sido Sandra, que picada hasta la médula, no dejaba de provocarme… Al final me he tenido que dejar ganaar alguna: 14-3. Pobre… Aun así, erre que erre, me dice -está sentada aquí a mi lado leyendo- que en unos minutos nos ponemos manos a la obra. Pobre…, la adicción le puede.

Llegamos a Dubai a la 1 de la mañana (hora local, y 23h en España). Y la verdad que bien, con ganas de coger el siguiente avión. Entre medias, hasta que cogimos el otro, estuvimos comprando un cepillo de dientes, que con las prisas se me olvidó, y unos bombones hechos a base de dátiles con frutos secos que nos miraban con unos ojillos… Y, rápido al avión.

II

Sandra y yo nos mirábamos alucinando con todas las letras. Sí, así es, nos habían dado asientos de Business. Nada más entrar al avión nos hicieron subir unas escaleras de madera a la planta de arriba. Sandra y yo nos mirábamos con una cara de no dar crédito y, a la vez, de ‘en cualquier momento se var a dar cuenta de que se han equivocado’. Pero no, nuestros asientos, el 23F y el 23E, tenían todo lo que se puede tener (y más aún) para un viaje relaaaaax absoluto. Si hasta nos dimos cuenta que para aprovecharlo del todo necesitaríamos ¡¡más horas de vuelo!!
Nos acomodamos y rápidamente nos sirvieron una copita de champagne (muy rico, por cierto, quizá me pase a tomarlo con frecuencia, ja, ja). Nos dijeron que si queríamos tomar algún aperitivo, sandwiches o pincho, que pasáramos al bar en cualquier momento. Se lo agradecimos, pero había cosas más importantes (en otro momento no lo hubiesen sido, os lo aseguro, pero al día siguiente había que enfrentarse al maldito jetlag), es decir, dormir. Teníamos a nuestra disposición una almohada, manta, calcetines, un antifaz, un colchoncito para nuestra mayor comodiad y, lo más importante, botones para poder inclinar nuestros asientos. Nos marcamos una horizontal completa. Y a dormir.
Aproximadamente unas 5 horitas y media de sueño, ¡no está mal! Y porque nos despertaron con el movimiento del desayuno. Oh, qué rico. Pedimos dos ingleses (patata asada, huevos revueltos, bacon, salchichas y judias) y acompañado de fruta, zumo, café y bollería. No hay palabras…
A falta de una hora empezamos a organizarnos para la llegada: cómo ir hasta el hostal; coprar o no una tarjeta mensual; qué ver primero; etc.
Aterrizaje sutil, por favor, no lo duden, ¡somos busines! Y en marchar: Welcome to Shanghai!

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Comments 2

  1. sofia
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    Bombones Angel?????? Jajajjaja. Seguid disfrutando a tope del viaje que ya veo que ha empezado con muy buen pie.!!!!

    4 julio, 2015
    • Ángel
      Reply

      Bombones, Sofía, ¡bombones! Y ya han desaparecido… No te imaginas cómo estaban los de coco. Eso sí, sin azucar añadido, que quede claro, ja, Ja… ¡Un beso grande! 😀

      7 julio, 2015

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