Huangshan. Entre nubes y montañas

Huangshan fue una montaña que sirvio de escenario para muchos artistas de China. Hay muchos cuadros que expresan la magnitud de su paisaje. Montañas vertiginosas bañadas de nubes blancas. Paredes completamente verticales en las que aparecen en sus grietas pequeños pinos que se abren a la vida. Es un espectáculo de luz al que te rindes y te entregas por completo. No puedes dejar de asombrarte: ‘¡Oh, qué bonito’; ¡Mira!; ¡Madre mía! Huangshang es ante todo inmensidad.

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Nos levantamos temprano para desayunar por última vez en el restaurante en el cenamos y desayunamos los dos últimos días. Nos despedimos de la simpática camarera, que además estaba encantada de tenernos por allí, y cogimos un taxi para que nos dejase en la estación oeste de autobuses de Hangzhou. Desde allí cogimos el autobus que nos llevaría directamente al pueblo de la base de Huangshan, llamado Tangkou. Los billetes los compramos con anterioridad para no perder plaza. Desde España ya habíamos reservado hotel en el pueblo de Huangshan, Tunxi, pero nada más llegar a Tangkou, desestimamos la reserva. Los dos pueblos están a una distancia de ¡¡50 km!! Y nos parecía demasiado después de bajar la montaña coger el bus de vuelta y tener que buscar el hotel… ¿Por qué lo cogimos con tanta anterioridad? Por un lado, en la embajada nos obligaban a tener las reservas de hoteles u hostales de al menos la mitad del viaje (anteriormente, en 2013, sólo era necesaria la de entrada en el país); y, por otro, teníamos que reservar, sí o sí, en alguno de los hoteles que están en la cumbre para pasar la noche. No nos podíamos permitir no tener habitación al llegar o unos días antes.

Nada más llegar a Tangkou teníamos que buscar algún hotel para dentro de dos noches (después de la bajada) y que nos guardase las mochilas ese mismo día y noche (subida y noche en la montaña), coger lo necesario para la subida, prepararlo todo y buscar los autobuses que nos llevaran a uno de los dos teleféricos de subida. La verdad es que estábamos bastante inquietos, poque no conocíamos el pueblo y eran ¡demasiadas cosas para no retrasarse! Pero nada más llegar a la estación de Tangkou, una mujer muy bien vestida nos abordó. Parece ser que era la dueña de un hotel de cuatro estrellas. Se encargaba, al tener su hotel en la mejor posición de contacto con nuevos turistas, de hablar con ellos para conseguirles exactamente todo lo que teníamos que hacer. Así que, al final, fue fácil. Incluso, la habitación que pedimos no era de su hotel, o sea, que ayudaba a los demás hostales y hoteles de los alrededores.

Dejadas las mochilas, con el estómago lleno y con algo de compra para cenar arriba (agua, dos barritas de chocolate y unos paquetes de arroz con pollo y champiñones ‘autocalentables’; parece ser que era mega caro comer allí en la cima), nos dirigimos, billetes en mano, hacia el autobus que nos llevaría directos al teleférico.

El paisaje era de sorpresa absoluta. Nos habían recomendado ir antes incluso que a cualquier otra montaña sagrada. Y mereció la pena. Espectacular. Y eso que nos pilló muchísima niebla nada más subir. Pero la combinación de las nubes con los picos, ¡los picos de Huangshan!, era asombrosa.

Nos dirigimos al hotel a hacer el ‘check in’, dejamos lo poco que podíamos dejar y salimos disparados a dar vueltas por las zonas más cercanas a donde estábamos, y que sabíamos que al día siguiente no íbamos a ver o pasar en nuestro largo descenso.

Después de hacer decenas de fotos y bajo la penumbra de la noche nos dirigimos al hotel. Tocaba la hora de cenar. Abrimos los paquetes de comida y, si ya teníamos dudas sobre su contenido y sabor, al verlo fue el remate. Estómago cerrado. Aun así probamos. Echamos el arroz y las verduras a una misma bandejita de plástico. Ésta había que ponerlo encima de otra más profunda con agua que junto con una bolsita de tela haría una reacción térmica y que calentaría la comida. ¡Nada más fuera de la realidad! Aquello era incomible… Así que cogimos el fajo de billetes y nos fuimos al comedor del hotel a comer como auténticos señores. Precios, más caros. Elegimos los más asequibles y ¡toma! Eran inmensas las raciones. Nos pusimos a reventar. Y asi nos fuimos a la cama, bien tempranito, había que levantarse a ver el amanecer en la montaña.

Con legañas como peñascos nos dirigimos a un mirador que recomendaban para ver la salida del sol. Eran las 5:00 de la mañana. Pero estaba demasiado nublado. Captamos algunas imágenes con la cámara y poco más. Así que volvimos a la media hora a la habitación desayunamos nuestra barrita de choco y ¡¡salimos a…!! Ah, no, nos quedamos en la habitación: ¡¡siestecita madrugadora de una hora!!

Ya a tope recorrimos todo lo que nos quedaba por ver y descendimos la montaña por la ruta oeste, la más dura. La más dura, sí, pero también la que más impresionaba. Decidimos, además, que íbamos a hacerla completa, de la cumbre hasta el pueblo. Estamos hablando de unas 7 horas y media hasta la puerta de Huangshan y 8 y pico hasta el pueblo. Digo ‘y pico’ porque nos perdimos, y tuvieron que venir a buscarnos los del hotel. Y todo con la ayuda de una chica que hasta nos ofreció su casa para pasar la noche. Se lo agradecimos, pero rechazamos la invitación (habría sido una buena experiencia),  teníamos ya pagado el hotel.

Estábamos muertos, quemados, destrozados, ¿he dicho muertos? ¡Madre mía, qué palizón a subir y bajar escalones! No sé cuantos, pero ¿miles y miles? ¡¡Y no exagero!! Nos duchamos y salimos a cenar. Llegamos de nuevo a la habitación y ‘clic’ apagamos la luz, y… hasta mañana. Tumbados y ‘pesando como el plomo’ caímos redondos, pero también con una sonrisa de haber visto el arte de la naturaleza en estado puro.

Huangshan es grandiosa.

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Comments 2

  1. Sofia
    Reply

    Las fotos son muy bonitas chicos. No me extraña nada que describais la montaña como espectacular. Menuda experiencia!!

    17 julio, 2015
    • Ángel
      Reply

      Ha sido una pasada, Sofía. Y eso que la lluvia no nos está respetando. Ahora estamos en Dali a ¡¡17 grados de máxima!! Pero bueno, aun así merece mucho la pena todo lo que estamos viendo. Gracias por comentar. ¡¡Muchos besos!!

      17 julio, 2015

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