Datong. Entre la grandeza y la pobreza

Siempre que se visita una nueva ciudad reina el caos. Y Datong no ha sido menos.
Uno de los mejores episodios ha sido nuestras caras cuando hemos bajado a desayunar. ¡Desayuno chino! De la alegría pasamos al cierre total de aduanas por el ‘píloro’. Lo típico que podemos encontrar en un restaurante chino, chino de verdad, es decir, arroz, tallarines, tofu, ternera, pollo, verduras variadas, panecillos (paozi) de carne y verduras, sopa… La gente devoraba mientras nosotros nos partíamos de risa por el panorama. Lo peor es el primer bocado… Bueno, y el segundo… Nada, que no dejábamos de pensar en las tostadas de pan tostado con su aceitito y tomate por encima… Mmm… La nostalgia (si no, no lo entiendo) hizo que Sandra se comiese un platazo de tomate troceado, como si de una ensalada se tratase.
Nos fuimos a la estación a pillar los billetes de Pingyao-X’ian. Y no sabeis la alegría que nos dio saber que íbamos a estar 7 horitas aproximadamente en asiento duro, ¡síiii!,ja, ja…Ya os contaremos.
Como tardamos muchísimo, teníamos problemas con la tarjeta de móvil y la comunicación en esta ciudad es una locura, decidimos pasar el día por la ciudad. E iríamos al día siguiente a hacer las excursiones a las grutas y al monasterio colgante.
La experiencia en la ciudad: caótica en un principio y con muy pocas garantías, aunque nos lo pasamos genial.
La ciudad, como informaban en la guía, está en pleno desarrollo ¡histórico! Sí, sí, histórico. Aquello que habían tirado hace años lo están levantando. ¿Por qué? Muy sencillo, la gente va esta ciudad para hacer excursiones desde allí. Y en el centro no hay mucho que llame la atención, excepto el templo budista (nos sorprendió enormemente lo bonito que era), otro taoista que no vimos, y  El Muro de los Siete Dragones, también precioso. Si a esto le sumas las obras tremendas de reconstrucción (o levantamiento) del casco histórico, en unos años será muy atractivo para que la gente se quede unos días más haciendo turismo. Las obras son inmensas. Calles y casas al más puro estilo tradicional, e incluso, están haciéndo un muro, tipo fotaleza, que es una pasada, y que no sabemos si antiguamente estaría.
 
En la otra cara de la moneda, se encuentran edificios y casas que se caen a pedazos, con gente viviendo en condiciones insalubres.
Así son los chinos: destruyen, construyen, pero no mantienen.
Y no os quiero contar la experiecia de Sandra con el baño, los ‘limpios’baños del céntrico parque de Datong. Que os cuente, que os cuente… Pero en persona,y ¡que os pille confesados!
Por último, arreglamos lo del móvil. Bueno, lo arregló todo Sandra (que orgulloso me siento de mi chinoparlante), porque yo en China me muevo por gestos y sonidos guturales y prehistóricos: eh, uh, no, mm… Y con gestos muy, muy exagerados. Cuanto más exagerados mejor te entienden.
De lo mejor: la cena en un restaurante especializado en huoguo. Nos lo pasamos genial.
Mañana ¡más!
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