Amsterdam en 3 días en Diciembre

Amanece tarde y anochece muyyy temprano. Ésta es la primera realidad de unos españoles,al llegar a Amsterdam en diciembre. 

Nuestros puentes de diciembre suelen ser en lugares cálidos pero este año, nos venimos a ver a Enrique Bunbury y es por eso que hemos elegido esta ciudad. 

En la Venecia del norte, como también se le conoce, no falta la diversión ni los lugares a visitar así que disfrutaremos de estos días salga el sol cuando salga 😉

Jueves 6 de diciembre

Ayer llegamos sobre las 15:30 (ya de noche) y tras coger los tickets de tren del aeropuerto y el abono de transporte de 3 días por 17.50euros, nos vamos al hotel.

La cadena española NH nos ha ofrecido descuentos con desayuno incluido en sus hoteles y aunque ya teníamos hotel en Amstelven, cancelamos gratis porque un desayuno del NH es algo que no se puede rechazar!!

Estamos en Amsterdam Zuid, a unos 4km del centro, así que cogemos el tram 5 que nos deja en la zona de Waterloo plein, y desde allí, caminamos por toda la zona de canales Amstel y Singel. Por ahora es lo que más nos está gustando, los canales y la vida en bicicleta que hacen a todos lados. Es una panorámica muy bonita ver bicis y bicis atadas en todas partes. Eso sí, tienen prioridad así que ojito al cruzar!

Leidseplein,calle comercial con sus luces de Navidad y Rembrandt plein, con un mercadillo de comida callejera. La plaza Dam y el monumento Nacional.

Nos vamos a la calle Damrak a por algo muy típico, patatas con salsa holandesa y de cacahuete!!! Me encanta la salsa de cacahuete!!

Y desde allí, caminamos por parte del barrio chino y del Barrio Rojo, aunque su parte más auténtica la dejamos para mañana viernes.

Caminando a Damtrak a por patatas con mayonesa y salsa de cacahuete!

Cenamos al lado de The Bulldog unas hamburguesas Black Angus al plato con patatas (sip, otra vez) y ensalada.

Viernes 7 de diciembre

Después del desayuno, nos vamos caminando a Zuid estación.

Cogemos el metro 51 que nos deja en De Pijp, un barrio muy al estilo de Malasaña en cuanto a tiendas chiquititas de diseñadores, bicicletas y callecitas llenas de plantas y muy cuidado.

Salimos por Albert Cuypstraat y así vemos el mercado al aire libre con comida rápida típica Holandesa y la ropa de segunda mano. 

Seguimos caminando a Sharpatipark, un parque pequeño que está de obras este mes. 

Desde aquí, a Museum plein, una explanada de césped con los museos más reconocidos de Amsterdam: Van Gogh, Moco, Stedelijk y Rijks Museum. No hay tiempo y además cierran muy pronto, así que quedan pendientes para otra visita.

No estamos lejos de Vondelpark así que aprovechamos para pasear alrededor de su lago y acabar en la otra punta del parque. Lo bonito de los parques de Amsterdam es que no tienen que tener caminos despejados y limpios, sino la naturaleza en sí tal cual es.  Estamos agotados de tanto caminar y el parque nos ha llevado una hora, así que cogemos tranvía hasta Rokin. 

Estamos muy céntricos, así que tenemos el cinturón de canales a nuestro alrededor. Prinsengracht, Kaizergracht y Herengracht. De uno a otro pasas sin darte cuenta y de repente, te suenan las mismas tiendas y bares. Esto de andar en círculos tiene si gracia. Entre esquivar bicis, motos y tranvías como para pensar si vamos bien. Pero aquí lo chulo es perderse, descubrir locales chiquitines con encanto, Bloemenmarkt con sus tulipanes a pesar del diluvio que está cayendo y nosotros con un mini paraguas de 5 euros que destrozó el viento.

Nos pasamos al barrio chino, Nieuwemarkt. El templo ya está cerrado y abre a las 12 de la mañana. Desde fuera vemos Oudekerk y Nieuwemarkt, las iglesias vieja y nueva. Las fotos les desmerecen por sus tonos tipo góticos. Y aquí diré que no puedo hablar de qué estilo tienen porque ni idea, pero son sombrías y a la vez elegantes.

Desde aquí, casi enlazados uno con el otro, llegamos al Barrio Rojo. Aquí no diré si me parece bien o no, pero lo que sí puedo decir es que el barrio es muy curioso. La mezcla entre el agua, las luces rojas de los escaparates y mezclarte con la gente paseando y aquellos que están mirando a las chicas de los escaparates. Cómo ellas, han llegado a hacer de su “trabajo”, el paso del tiempo, y miran el móvil o directamente miran al infinito mientras otras bailan buscando clientes. El Barrio adquiere una tonalidad rojo- negra que le da una peculiaridad no vista en otras partes de la ciudad.

Tanto es, que el museo de la prostitución abre hasta las 22h mientras que el resto, sólo hasta las 17h. Pero… ¿ La oferta está por quienes lo demandan, o no es así? Van Gogh no debe generar tanta expectación ni tantos ingresos, está claro.

Cenamos en Rozembog, en Rozembogstraat, al lado del jardín Beginjhof en Rokin. Este restaurante está especializado en comida holandesa, así que degustamos el típico chucrut con puré de patatas, ensalada y salchicha. Salimos con cerveza y apple pie casero por unos 22 euros cada uno. Cervecita en un local de rock y de vuelta al hotel; mañana nos espera un día largo con nuestro maestro incluido 🙂

Sábado 8 de diciembre

Aunque hoy es el concierto, y nosotros somos de estar pegaditos al escenario, no vamos a desperdiciar poder seguir viendo la ciudad, así que llegaremos después de comer a ver qué pasa.

Nos vamos a Noordermarkt, un mercado de productos biológicos y locales que está en la parada de metro Noord de la línea 52.

Quesos para degustar, cafetito y sopas locales. Hoy ya está lloviendo así que después de pasear por el mercado, nos perdemos por las calles de Jordaan, el barrio judío y nos vamos hasta AnneFrank Huis, que tenemos entrada a las 10:45.

La casa de Ana Frank es muy sencilla, dado que está restaurada. Su padre, Otto Frank, fue el único superviviente de la familia, y cuando en 1961 pasó a ser casa-museo, no quiso que estuviese amueblada. Por eso, las habitaciones sólo son paredes con cuadros explicativos además de la audio-guía. La entrada se compra por internet con antelación y son 9 euros. A nosotros la historia del Holocausto nos parece muy interesante, y como yo había leído el Diario, nos apetecía conocer dónde y cómo se escondieron casi 2 años. Lo que parece una incógnita, es cómo les encontraron… Anyway, si queréis profundizar en esta parte de la Historia, la exposición de Austwitch que vimos en Madrid es mucho mejor, pero no obstante, no está mal si lo que quieres es pasar una hora viendo cómo se las ingeniaron en el escondite. Valoración de la visita: 3,5/5.

Nos vamos a comer a “The Pantry”, en Leidesplein, por recomendación de nuestro amigo Diego. Este restaurante, también holandés, está muy bien en atención, precio y cantidad- calidad. Probamos la carne estofada con col roja, y un plato al horno de coliflor con queso y carne picada, además de las dos cremas de guisantes con pan de centeno y bacon típicas de allí. Todo con agua mineral, por 24 euros cada uno. Eso sí, mucha más cantidad que el día anterior y un sabor muy rico. Casero,casero.

Ya estamos al lado de la sala Melkweg, así que nos vamos a hacer cola para el concierto. Lluvia, viento, risas y discusiones en la espera, pero todo mereció la pena para poder disfrutar de nuevo de Enrique Bunbury y su banda. Vestido de rojo, nos dejó perplejos cuando por primera vez, al menos en los más de 20 conciertos que llevamos, se equivocó de estrofa cantando   ” La chispa adecuada”. Enrique y su perfeccionismo, enfado, tiró el pie del micro con una patada, pero tras arreglos de cables y sonido, volvió con sus toques de showman, como ya demuestra ser y acompañando a todos los vítores de Enrique, Enrique, grande Enrique!

Enrique Bunbury en su show

Y desde aquí, cerveza en la plaza, y mañana, de vuelta a Madrid.  El domingo, visitamos el jardín Begijnhof de Rokin, que ilustra las casas típicas rodeando un jardín, del que se encargaron unas monjas que no querían estar en un convento. Y poco más por hoy, el vuelo sale a las 13:35 así que desde Rokin a Zuid y 1 parada en Intercity al aeropuerto para preveernos de ensaladas y frutas en Albert Hein, una cadena de supermercados y comida rápida con buenos precios y que nos hizo la comida en el avión de lo más apetecible.

Nos quedamos con ganas de volver a Amsterdam porque nos faltó mucho tiempo para ver los pueblos de los molinos, la excursión a Gouda, el paseo en ferry al norte para coger la bici en el parque o subir a la A´dam Toren para disfrutar de sus vistas y cómo no, para volver a perdernos por los canales, mirar a los lados por si viene una bici o un tranvía, entrar a las tiendas de diseñadores locales con ropa tan distinta a la típica de grandes almacenes y también, claro que sí, para pasear por el Barrio Rojo.

Gracias por viajar con nosotros,

Sandra y Ángel.

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*