Día 5: Visitando un poquito más y la vuelta a casa.

Hemos desayunado de lujo en “La casa de Juan Sabeli” en Arenas de Cabrales. Tenemos que decir que tener una jarra de zumo de naranja recién exprimido en la mesa, el café y chacinas de la zona, es un lujo. Para los amantes de la bollería, había un auténtico surtido de bollos caseros y no tan caseros. Si hay que poner algún pero, añadiríamos tortilla o huevos.

El trato del personal es muy bueno, y en nuestro último día en la zona, nos recomendaron hacer “El camín encantáu”. Es una ruta circular de unas 3 horas donde se van viendo a través de pueblecitos pintorescos, los duendes y demás leyendas de Asturias así como los personajes de sus bosques. Se llega desde Arenas por la carretera que pasa por Meré y desviarse en Ardisana.

No encontramos sitio en el pequeño parking junto a la venta, así que decidimos recorrer los pueblecillos con el coche.

Desde allí, nos vamos a las playas de Llanes para tumbarnos un ratito al sol. Para comer, elegimos un sitio en San Roque, justo al lado de Llanes que acababan de abrir la semana anterior. Se llama El Llar y comimos riquísimo, muy muy abundante y a un precio muy bueno. Para ser de carta (era tarde y ya se les habían acabado los menús), nos salió prácticamente al mismo precio. El dueño es cántabro y hay que decir que ya se le había pegado la amabilidad de Asturias. La cocinera hace los mejores tortos que probamos en estos días.

Desde allí, y con la tripa demasiado llena, nos vamos de vuelta a Madrid.

Este viaje como todos, ha sido una pasada pero tendremos que volver a seguir contemplando a las vaquitas y a patear y patear sus montañas. Hasta pronto Asturias.

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