Shangri-la y etapa final; Hong Kong

El trayecto en el bus ha sido precioso aunque por supuesto, con ratos de sol y bastante lluvia.

Llegar a Shangri-La es llegar a una tierra llenas de colores, que nos parece estar en Tíbet. Sin embargo, estamos a más de 1000 km de allí.

He de decir que no sé por qué motivo, esta parte estaba sin escribir. Quizás porque fueron tantas emociones y porque estábamos tan cansados que no lo escribimos y pasamos directamente a Hong Kong.

Sin embargo, dos años después, lo recuerdo perfectamente y recuerdo que esta zona nos encantó.

La ciudad en Shangrila se llama Zhongdian. Sufrió un incendio muy fuerte hace unos años que la destruyó prácticamente entera. Lo que queda ahora, son las construcciones que van haciendo poco a poco, una estupa de colores y un pequeño templo. Aún así, merece la pena ir por la rica gastronomía que tienen, los paisajes y su gente.

El primer día lo dedicamos a pasar por Zhongdian. La plaza es muy bonita y visitamos el museo que tienen. Luego subimos a la estupa de colores y a ver el templo. Nos dimos cuenta de que estábamos demasiado cansados y de que teníamos demasiada hambre para el esfuerzo en sí que estábamos haciendo; las distancias eran mucho más cortas que en días anteriores, hasta que Ángel buscó la altura a la que estábamos: 3160 metros! Estábamos padeciendo mal de altura, normal que nos sintiésemos así 🙂

Esa noche, cenamos en Zhongdian comida típica de la zona además de una huoguo. Sí, nos pasamos de pedir comida, pero es que estaba todo tan rico!

A la mañana siguiente, nos fuimos a visitar el pequeño Potala. Fuimos en autobús público desde la plaza de Zhongdian y después de pagar la entrada del pequeño Potala, otro autobús te sube directamente allí.

Aquello fue precioso; un laberinto enorme de templos y espacios por donde transitan, rezan, comen, trabajan, pintan… los diferentes monjes. Estar allí es trasladarse al Tíbet. Estuvimos más de dos horas haciendo la visita y acabamos comiendo en uno de los pequeños hostales que hay. Una vez terminas de ver el recorrido de los templos, hay un estanque con animales y si sigues su sendero, dejando de espaldas el pequeño Potala, seguir hacia la derecha. Después de caminar unos 10minutos, se ve algún hostal y también sirven comidas. El que nosotros elegimos fue auténtico. Ángel veía las gallinas desde la letrina del baño (cachis haberme perdido esa parte) y la señora que nos atendía, se marchó más de media hora a buscar ingredientes que le hacían falta para la comida. Al final, comimos menos de lo esperado ( porque nos fuimos antes de que llegase el resto) pero estaba todo muy rico.

Esa noche, ya de vuelta en Zhongdian, cenamos en un restaurante tibetano. Ese fue nuestro restaurante durante el resto de nuestra estancia allí. ¡Qué comida más rica! Comimos carne de yak, té tibetano ( lleva mantequilla, agua y sal y se sirve calentito). Al principio, es un sabor raro, pero luego te acostumbras y teniendo en cuenta la lluvia de aquellos días, se agradecía un montón. El pan que hacían era también riquísimo y la camerera de aquel restaurante, nos iba dando cosas a probar para otros días. Un encanto 🙂

El último día en Shangrila será recordado para siempre. Alquilamos una bicicleta justo al lado del tibetano. Desde allí, nos fuimos sin mapa ni idea, nada más que preguntando y preguntando cómo llegar al lago Napa. Después de más de una hora en la bici, paramos a comprar unas mascarillas por la contaminación que había. Gran parte del trayecto se hace por carretera y pasan muchos camiones. Es muy curioso porque también hay parados búfalos en mitad de la carretera. Nunca me acostumbraré a este tipo de eventos, pero nos encantan y hacen que queramos volver.

Después de otra hora, ya pensando en que no íbamos bien, empecé a pensar que no sé por qué, ese lago no iba a tener agua.

Y efectivamente, así fue. Tuvimos que dejar las bicis fuera( con la cosilla de que las bicis eran nuestro pasaporte, porque se habían quedado con el pasaporte en la tienda de alquiler de bicis) y entramos. Una vez dentro, una gran pradera y caballos de alquiler. Decidimos que después de tanta bici, el culo no estaba para caballos y vamos de paseo. Unas grandes praderas para fotografíar y disfrutar de ellas y los animales.

Como hay zonas sin nadie, decidimos pasear por allí. El suelo estaba blandito por el agua subterránea, y aunque Ángel me avisó, yo quería poner la cámara en una piedra para sacar una foto juntos. Puse un pie, cogí impulso para poner el pie en la otra piedra y…. noooooo, Ángel, ayuda ayuda!! Coge la cámara!!! Sí, al laguito que había debajo que me caí. No hacía pie y tenía un brazo levantado para salvar la cámara y todas las fotos que llevábamos hechas hasta el momento. Ángel, no podía creer lo que veía, y tenía los ojos como en plan: ¿Qué haces ahí? Como pudo, tiró de mí y ya, llenita

Hace dos días que hemos llegado a Hong Kong y me ha costado encontrar un hueco para empezar a escribir.

Esta ciudad tiene tanto que ofrecer que queremos aprovecharla al máximo.
Adentrarse en Hong Kong es hacerlo en su historia. Desde que llegas, te das cuenta que no es China continental; la limpieza en las calles y los baños, cómo se cuida al turista, la moda occidental en cómo visten sus habitantes, sus modales en el metro… Parece una ciudad inglesa dentro de Asia. Calles con nombres en inglés y al levantar la vista, un letrero en caracteres.
Sin embargo, los caracteres de cualquier letrero están en tradicional.
Hong Kong fue una colonia inglesa desde 1888 por un periodo de 99 años. En 1997, se la devolvieron a China sólo por 50años y bajo la condición de que sigan manteniendo moneda y leyes únicas. Por ello, tiene administración y jurisdicción aparte.
Está dividida en la zona central de Kowloon, los Nuevos Territorios, la Isla de Hong Kong y varias islas como Lantau, Lamma, Cheung O…

De momento, no hemos parado de asombrarnos. Tan pronto ves una montaña que edificios de 40 plantas a su lado y enfrente el mar. El contraste la hace llamativa y especial.
Estamos encantados y nos gustaría pasar más tiempo aquí.
Además, hace sol y mucho calor, que ya lo necesitábamos 🙂

Nada más llegar al aeropuerto, nos explican cómo llegar a nuestro hotel y todo lo que podemos ver. El tren express cuesta unos 70 dólares ( aprox. 7 euros) y tarda 25 minutos. Tenemos nuestras dudas sobre si podíamos llegar en metro pero insisten en que imposible. A la vuelta saldré de dudas sobre si ha sido o no un timo :/

Llegamos a nuestro hotel y todo bien. El alojamiento y la comida en precio es bastante similar a Occidente y si pagas muy poco por algún hotel, a saber qué encuentras.
Estamos entre los barrios de Olympic y Mongkok y aunque yo pensé que estaría tranquilo, nada más lejos de la realidad. Calles llenas de mercados callejeros dónde se corta carne, se venden sapos y tortugas, pescado, muuchas frutas y verduras y por todos lados hay luces de neón de colores y gente de un lado para otro. Los coches no pitan continuamente como en el resto de China ( y respetan los semáforos!)
Damos un paseíto por la zona y mañana a tope, que hay mucho por descubrir.
La mañana la empezamos intentando entrar al metro. Digo intentando porque no había manera de encontrarlo una vez dentro de la estación. Habrá que atravesar el supermercado? O habrá que pasar por la tienda de ropa? Íbamos mirando hasta en las puertas chiquitinas! Hasta que vimos la flecha con la imagen de un tren; tanto mirar a todos lados, nos despistamos.
Directos a la zona de templos de Kowloon en Wong Tai Sin y Diamond Hill. Los templos mezclan taoismo, budismo y confuccionismo y lo que más nos sorprende, es que son gratis por grandes y famosos que sean.
Entramos en el parque de la ciudad amurallada y entramos en la casa Yantsen. Parece ser, que en el recinto amurallado de lo que ahora es el parque, había una ciudad con sus calles, trabajadores de fábricas, niños jugando en los tejados entre escombros… Y es que en los años 20-60 esa ciudad también formaba parte de Hongkong. Todo explicado de manera interactiva teniendo que mover el cuerpo para que siguieran apareciendo imágenes y narraciones.

El Lian Garden y la Chi Lin Nunnery son un conjunto de parque y templos mezclados con el arte del bonsai y de las rocas entre ellos.
La diferencia es que aquí los templos se hacen para los ciudadanos y no se intenta sacar tajada turística de ellos. Ello se nota también en que la restauración intenta respetar el estado original. Suponemos que los ciudadanos pagarán muchos impuestos para que todo esté tal como está.

Estamos agotados de tanto paseo y escaleras así que nos vamos a Tsim Sha Tsui a comer.

Por la tarde, vemos el reloj de la torre y paseamos por la avenida de las estrellas. Qué pasada ir acercándose al puerto con los rascacielos de fondo! La vista impresiona.
Fotos con la estrella del suelo de Bruce Lee, Jackie Chan, Jet Li… Y mucha brisa marina.
Nos metemos en la mítica Chunking Mansions. Por unos minutos, olvidamos que estamos en China. Los indios han tomado el control del edificio y regentan los negocios, la comida, los hoteles… Es un edificio con hostales distintos en cada planta que puedes ver en el directorio de abajo y muchos locales de relojes, bolsos, comida india, ropa…
Al salir de allí, vuelves a la realidad y te das cuenta que sigues en China!

Tras unas pintas de Asahi al estilo pub inglés y una agradable conversación con un canadiense, nos vamos al espectáculo de luces del puerto.
Quedan 20 minutos para el siguiente pase! 10 minutos! Ya empieza!!

Espectáculo de luces?? Pero qué es esto? Ositos panda en la pared a modo tele gigante?? La familia china de al lado no dejaba de mirar hacia el mar. Se encendieron sutilmente algunos edificios y el hombre emocionado gritaba 来了,来了,开始!!( Que empieza ya!)
Y ahí seguíamos, cabeza girando del mar a la pared del centro cultural para ver patinetes moviéndose y ositos riendo, jajajaja. Nada, un entretenimiento bobo. Gratis también y la vista de noche de los barcos y los edificios de las grandes compañías con sus luces de colores ha merecido la pena. Eso sí, no hace falta esperar al próximo pase.

Al llegar a la habitación… Pero qué hace el vecino con el microondas?? Menudo trajín tenía! Se lo quería llevar a la habitación yo creo y le había puesto hasta alargadera!

Estamos agotados y mañana el día depara más y más!

Nos vamos a Mongkok a ver los mercados de flores y de pájaros. Decenas de puestos de plantas, flores, bonsais y jardines zen y al lado, pajarillos revoloteando, loros pelando castañas y grillos en redes a la venta. Mercados curiosos de ver. Se harán la competencia entre ellos? Si tienes 50 tiendas de plantas seguiditas, a cuál vas? 🙂

De allí, volvemos a Tsim Sha Tsui a coger el ferry dirección Wan Chai; al norte de la isla de Hong Kong.
El sistema de transportes es limpio, rápido y muy barato. El ferry nos cuesta 3 dólores ( unos 30 céntimos de euro).
Además, tienen la tarjeta Octopus que puedes recargar con lo que quieras y te sirve para todos los transportes y para pagar en tiendas, supermercados, aparcamientos y algunos restaurantes.

Visitamos la zona a pie y de allí, bus 70 en la estación de Central a Aberdeen.
Los antiguos pescadores de la zona vivían en embarcaciones (sampán) allá por los años 20-60. Con la llegada del trabajo en las fábricas, fueron decreciendo y hoy sólo quedan algunos para dar paseos turísticos.
No hay paseo oficial como tal así que los sampaneros cobran 120 dólares a cada uno por un paseíto por el puerto. Va a ser que no…
Así que decidimos subir a un barquito rumbo a la isla de Lamma. Aunque son casi las 6 de la tarde, para allá que vamos. Por 18 dólares y 30minutos,allí que nos plantamos.

La isla de Lamma es una pasada; es como sentirte al adentrarte en ella en mitad de la selva amazónica. Y claro, tanto Amazonas y ya oscureciendo, los bichitos que había por allí eran de película también. A la ida hacia la playa, bien, un par de arañas grandes colgando y poco más. Pero a la vuelta, casi para ir con linterna ( en el hotel puede estar la nuestra ahora que la necesitamos!) había una orquesta de ranas, pájaros, bichitos que pasaban de un lado a otro del camino, cangrejos que confundimos con arañas gigantes… Una experiencia para llegar casi corriendo al paseo marítimo, jajaja. Otro día, cuando se empiece a ir la luz, derechitos al barco 😉

La isla no está explotada ( por ahora) y merece la pena pasar al menos un día dando paseos y en la playa relajados en la naturaleza.

Regresamos hasta Central a la zona de bares de Kwai La Fong, llena de bares de copas ofreciendo chupitos, happy hour… Y la música  a tope. Cenamos una pizza ( sí, trigo, sí) y a descansar que son casi las 12 y aún nos queda un rato.

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Sandra y Ángel

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Comments 1

  1. Vaya!! me apunto Hong Kong en mi lista también jejjeje. Y de lo del trigo que conste que no iba a decir nada, ni cuenta me había dado. Me llamó más la atención lo de los bombones fijate tú (por que será?? por lo golosa que soy yo?? jajajajaj)

    27 julio, 2015

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