Último round. De vuelta a Pekin

Nos queda bien poquito ya para dar por finalizado nuestro viaje. Hoy hemos vuelto a Pekin en avión, a la capital de inicio.

Nos levantamos no muy pronto. Nos tomamos un té verde de la casa, nos preparamos y ¡a la calle!, a disfrutar de nuestro último paseo por Yangshuo antes de coger el avión de vuelta a Pekin.

Cómo no, no lo dudéis, desayunamos en la, mítica ya, pastelería Joyeux. Siempre me acordaré de sus magdalenas con masa de croissant, qué ricas. Y de sus palmeras blandas…, oh, y las brochetas… Ay, las brochetas de piña… Estos desayunos han hecho que no volvamos con unos cuantos kilos de menos. Puede que incluso hayamos cogido algo… Bueno, no, imposible, que Sandra me intenta coger las ‘tapitas del bar’ y no puede, je, je…

Volvimos al hotel a organizar el equipaje. Esta vez con una bolsa más, que compramos a un buenísimo precio, para ir metiendo lo que vamos adquiriendo, y que ya no nos entra en las mochilas.

Compartimos el taxi con una pareja, así que el desplazamiento al aeropuerto de Guilin nos salió a la mitad. Perfecto. Todo organizado por el hotel. Bueno, quiza debemos decir que por una agente de viajes que trabajaba allí, super competente, y que nos ayudó un montón, Jenny.

El avión no era tan cómodo como los anteriores que habíamos tomado, no nos tocó ventanilla y, para colmo, la señora de nuestra fila no dejaba de moverse continuamente.
Lo mejor del día fue en la comida del vuelo, de lo que dudábamos tener. Así que ya habíamos comido algunos salados de la ‘ya mítica Joyeux’. Cuando nos preguntó qué queríamos comer me dejó descolocado: croasan o noodles. ¿Cómo que croasán o noodles (tallarines)? Hasta que Sandra me miró con cara entre pena y espanto por el lamentable oido que tenía con el inglés -Ángel, ha dicho ‘rice and noodle’- me dice, ja, ja… Y es que la mujer al decir ‘rise-and’, /raisán/, todo seguido me sonó a eso. Nada, tendré, según Sandra, que seguir escuchando en inglés, hasta afinar el oido.
Ella se ríe por eso, pero no os cuenta, eso no, la carcajada que tuve cuando al cerrar su bandejita de tallarines, porque no quería más, no sé lo que haría, que se le cayeron todos, absolutamente todos sobre sus piernas y el pantaloncillo. No os imagináis el espectáculo. En asientos super apretados, sin casi espacio, y con la señora de al lado mirando, aquello era de foto (qué pena que no la hiciera).

Del aeropuerto llegamos al hostal tomando un tren exprés y el metro. Nuestra parada era Zhangzizhonglu, y está a unos 150 metros de nuestro hostal, Lucky Family. Os lo recomendamos si quereis estar cómodos, por un buen precio, en un hutong, y sin ruidos. Todo lo contrario que en Down Town Backpackers Hostel, con mucho ruido, calles sucias, aunque con un ambientazo en pleno centro.

Mañana al Mercado de la Seda…

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