Longji. Un paraiso rural

Nada más despertarnos corrimos las cortinas y lo primero que dijimos fue: “Hala, qué pasada, qué bonito…” las vistas desde el Hotel eran impresionantes. Qué maravilla de la naturaleza y de la ingeniaría agrícola. Todo el paisaje se mezclaba entre bosques inaccesibles y terrazas de arrozales. Sí, estábamos en El Espinazo del Dragón, y el esfuerzo de aquella noche pasada había merecido la pena con creces.
Comimos unas galletas Oreo que habíamos comprado el día anterior y nos tomamos un té, abajo en el salón, en el que estaba la recepción, el comedor, el ordenador con internet y la puerta a la cocina. Además, anulamos el vuelo y el hotel de Shanghai. No queríamos más ciudades, ya iríamos en otro momento. Nos apetecía estar más relajados en Guilin (en Longji y Yangshuo) y terminar los dos últimos días en Pekin. Así que también pillamos nuestro último vuelo interno por China, Guilin-Pekin, para el 23 de julio a las 15:00.
El día estaba nublado y con ciertos bancos de niebla, pero poco a poco se fue abriendo el cielo en el transcurso del día, y pudimos disfrutar de algunos rayos de sol.
Son tres destinos, de vista panorámica, a los que se puede llegar andando por senderos empedrados:
1. Music from Paradise.
2. One Thousen Layers to Heaven.
3. Golden Buddha Peak
Los dos primeros están bastante cerca de nuestro hotel, el cual es de los últimos hacia la cumbre. Pero el tercero es una buena pateada, es justo el destino del teleférico. Las vistas desde los tres son realmente majestuosas.
También bajamos al pueblo, Dazhai, cerca del aparcamiento, siguiendo los carteles de ‘Parking Lot’. Allí viven la mayoría de la población de esta etnia, los yao. Y se puede encontrar tanto restaurantes como tiendecitas de artesanía típicas de la zona.
Hacia las 19h nos subimos al hotel, cenamos, tomamos el fresco en la terraza, y nos fuimos a dormir. A las 21:30 estábamos ‘roque’ en la cama.
Ha sido un maravilloso día de montaña con paisajes de película.
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